Metal Político | POR: Antares Cervantes
Cada temporada de lluvias en México viene acompañada del mismo discurso oficial: “la gente tira basura y tapa las coladeras”. Por supuesto que esto es un factor, la propia Conagua asegura que ocho de cada diez inundaciones están relacionadas con acumulación de residuos en drenajes, ríos y sistemas hidráulicos. Tan solo en 2025 fueron retiradas casi 100 mil toneladas de basura de cauces y presas del Valle de México.
Pero reducir el problema únicamente a la irresponsabilidad ciudadana es una salida cómoda, políticamente rentable y profundamente incompleta.
Porque mientras el gobierno culpa al ciudadano por una bolsa de plástico, evita hablar de décadas de abandono institucional, drenajes obsoletos, recolección de desechos deficiente y ciudades construidas sin planeación. La basura no aparece sola en las calles; aparece también donde no existen suficientes contenedores, donde el camión recolector pasa tarde, mal o simplemente no pasa.
En muchas colonias del país, los residuos permanecen días enteros acumulándose en esquinas porque el sistema municipal de limpia colapsó hace tiempo. Hay municipios donde los trabajadores sobreviven de propinas y rutas improvisadas, mientras las autoridades inauguran obras “históricas” que se inundan al primer aguacero.
México genera alrededor de 120 mil toneladas de residuos al día, pero gran parte del país sigue sin infraestructura moderna para manejar esa cantidad. El problema dejó de ser solamente de cultura cívica; es un fracaso estructural.
La lluvia no colapsa ciudades, exhibe gobiernos deficientes.
Cada inundación revela drenajes jamás desazolvados, colectores insuficientes, corrupción en obra pública y administraciones que prefieren reaccionar con fotografías y botas de hule antes que invertir en prevención real. En Ecatepec, por ejemplo, este año se han retirado más de 51 mil toneladas de basura para intentar evitar taponamientos durante las lluvias. La cifra no habla solo de ciudadanos irresponsables; habla también de un modelo urbano completamente rebasado.
El problema tampoco es nuevo. Especialistas llevan años advirtiendo que muchas ciudades mexicanas crecieron destruyendo ríos, humedales y zonas naturales de absorción. Encima de eso, el drenaje envejeció mientras la población aumentó y el concreto cubrió todo. Hoy el agua ya no tiene hacia dónde ir.
Claro que existe responsabilidad social. Tirar basura sigue siendo un acto miserable de indiferencia colectiva. Pero usar eso como excusa absoluta es una forma de ocultar la incapacidad gubernamental.
Porque un Estado eficiente no solo castiga al ciudadano que ensucia; también garantiza recolección funcional, infraestructura digna y prevención permanente. Y eso, en gran parte de México, simplemente no existe.

