Metal Político | Antares Cervantes
Doce años después, Ayotzinapa vuelve a sacudir a México. Pero esta vez hay una diferencia, la investigación ya no parece concentrarse únicamente en policías, militares, delincuentes o funcionarios de segundo nivel. El poder político de entonces comienza a sentarse frente a la justicia.
La detención del exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, acusado de obstrucción de la justicia y desaparición forzada, representa un giro de enorme dimensión política. La investigación sostiene que habría existido responsabilidad en la desaparición o destrucción de evidencia relacionada con aquella noche de septiembre de 2014.
Y aquí comienza la verdadera pregunta: ¿qué más puede salir de Ayotzinapa?
Porque durante años el caso fue utilizado políticamente, mientras las familias continuaron esperando respuestas y los 43 estudiantes permanecieron desaparecidos.
La detención de un exgobernador no demuestra por sí misma su culpabilidad. Eso tendrá que determinarlo un juez. Pero sí demuestra algo mucho más importante, ningún cargo debería convertirse en un blindaje contra la investigación.
Y aparece otro elemento que México no puede ignorar: Estados Unidos.
Washington ha intensificado durante 2026 sus investigaciones, sanciones y restricciones contra personas y empresas mexicanas presuntamente relacionadas con organizaciones criminales. Incluso ha reconocido que existen funcionarios mexicanos que, según investigaciones estadounidenses, habrían protegido al crimen organizado. Sin embargo, Estados Unidos no ha presentado públicamente una lista completa de políticos mexicanos señalados, ni ha “sentenciado” al gobierno mexicano como tal.
Eso no significa que no exista presión.
Significa que México está siendo observado desde dentro y desde fuera.
Y si las investigaciones alcanzan a funcionarios federales, estatales o municipales actualmente en funciones, la obligación del Estado será investigar con pruebas, sin importar partido, apellido o cargo.
Ayotzinapa no debería convertirse nuevamente en una guerra de propaganda entre gobiernos.
Debe convertirse en una prueba definitiva de algo mucho más sencillo:
¿Puede la justicia mexicana investigar al poder cuando el poder está involucrado?
Porque los 43 no pertenecen a un partido político.
Pertenecen a la memoria de México.
Y mientras sus familias sigan esperando respuestas, ningún gobierno debería considerar cerrado el capítulo.
La verdadera justicia no consiste en encontrar culpables para satisfacer a la opinión pública.
Consiste en encontrar la verdad, demostrarla ante un tribunal y castigar a quienes resulten responsables.
Aunque tengan uniforme, fuero, partido, dinero o pasado político.
Porque si Ayotzinapa vuelve a abrirse, no debería ser para fabricar otra verdad conveniente.
Debería ser para descubrir, finalmente, la verdad que durante doce años México sigue esperando.

