8 Ago 2026, sáb

Metal Político 

Antares Cervantes 

El fútbol soccer es un deporte que despierta emociones capaces de unir a millones de personas en el mundo. Pero cuando la euforia rebasa los límites de la prudencia, una victoria puede terminar convertida en tragedia. Los festejos por el pase de la Selección Mexicana a los octavos de final del Mundial dejaron un saldo que jamás debería formar parte de una celebración, al menos cuatro personas fallecidas en la Ciudad de México, tres por asfixia durante una aglomeración y una más tras una emergencia médica. Además, en otros puntos del país se reportaron incidentes, heridos y accidentes relacionados con las celebraciones.

Las autoridades estimaron que entre 800 mil y 1.4 millones de personas se concentraron en Paseo de la Reforma y sus alrededores. Ningún operativo de seguridad es infalible cuando la multitud pierde el control, se mezclan el consumo excesivo de alcohol, la pirotecnia y la falta de vías de evacuación.

El gobierno tiene la responsabilidad de establecer las medidas de planeación, coordinación y ejecución de los dispositivos necesarios en materia de protección civil, seguridad, atención médica y control de multitudes. Esa obligación existe y cualquier falla debe investigarse y corregirse. Tampoco podemos señalar que toda la culpa sea del Estado. La responsabilidad ciudadana es igual de importante, respetar indicaciones, evitar conductas de riesgo, no saturar espacios, no provocar violencia o realizar destrozos en inmuebles o vehículos, ni consumir alcohol o algún tipo de droga. 

La propia presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que la seguridad requiere una responsabilidad compartida entre autoridades y ciudadanía, mientras el Gobierno capitalino anunció ajustes en los operativos para los siguientes encuentros de la Selección.

El futbol nació para celebrar la vida, no para despedirla. Ningún gol vale una estampida, ningún triunfo justifica un volante bajo los efectos del alcohol o algún estupefaciente, ninguna copa merece lágrimas de familias que salieron a festejar y terminaron en un funeral.

La verdadera victoria será el día en que México pueda celebrar con la misma pasión, pero con mayor cultura cívica, respeto y responsabilidad. Porque el mejor festejo siempre será regresar a casa.