Metal Político | Antares Cervantes
El 12 de octubre comenzará en el Congreso de Hidalgo la glosa del cuarto informe de gobierno de Julio Menchaca. El calendario contempla 17 titulares de dependencias y organismos, con dos comparecencias por día hasta el 22 de octubre. Los primeros serán el secretario de Gobierno, Guillermo Olivares, y la secretaria de Cultura, Neyda Naranjo.
En el papel, el mecanismo es indispensable, los funcionarios deben explicar ante el Poder Legislativo qué hicieron, cuánto gastaron, qué resultados obtuvieron y qué pendientes permanecen. El problema aparece cuando la comparecencia termina convertida en una extensión protocolaria del informe, con discursos, reconocimientos y respuestas generales que no permiten contrastar resultados.
La experiencia de 2025 ofrece datos interesantes. La diputada panista Claudia Luna afirmó haber formulado 53 preguntas, de las cuales, según su recuento, solamente 17 recibieron respuesta, equivalente a 32.1%. También cuestionó que el formato limitara el intercambio a una pregunta y una réplica, dificultando profundizar en las respuestas.
El PRI también criticó el formato y señaló que el tiempo destinado a preguntas y respuestas resultaba insuficiente.
Pero sería incorrecto afirmar que únicamente la oposición cuestiona. Durante la comparecencia del secretario de Seguridad de 2025, diputados de PRI, PAN y Morena formularon preguntas sobre homicidios, presupuesto, percepción de seguridad y desarticulación de grupos criminales. En Contraloría también hubo cuestionamientos de legisladores de Morena y PT sobre investigaciones, auditorías y posibles daños al erario.
Ahí está precisamente el punto, una comparecencia sirve cuando las preguntas producen información verificable y generan seguimiento; deja de servir cuando únicamente reproduce el discurso del funcionario.
El Congreso recibió el cuarto informe el 5 de septiembre y oficialmente señala que continuará con el análisis, vigilancia y rendición de cuentas.
La cortesía institucional es necesaria; la zalamería política, no. Un diputado no está ahí para felicitar al secretario, sino para representar a quienes no tienen micrófono frente al poder.
El verdadero resultado de estas comparecencias no debería medirse por aplausos, fotografías o discursos amables, sino por datos aclarados, compromisos documentados, irregularidades detectadas y seguimiento posterior.
Porque comparecer ante el Congreso es cumplir una obligación. Rendir cuentas significa responder por los resultados.

