Al contrario.
Cuando se desarrolla con argumentos sólidos y dentro del marco constitucional, constituye una de las mayores fortalezas del Estado de Derecho.
Porque demuestra que la Constitución sigue siendo capaz de responder a los desafíos de cada época sin renunciar a sus principios esenciales.
Reflexión final
La historia de la libertad de expresión en México no comenzó con un litigio electoral.
Comenzó cuando el constitucionalismo mexicano decidió dialogar con el derecho internacional de los derechos humanos y asumir que la protección de las libertades fundamentales constituye una responsabilidad compartida.
La Suprema Corte desempeñó un papel decisivo en ese proceso.
Construyó el puente entre los estándares interamericanos y la realidad constitucional mexicana.
Gracias a esa labor, el Tribunal Electoral encontraría posteriormente un terreno fértil para desarrollar una jurisprudencia especializada capaz de proteger simultáneamente el debate público y la integridad de las elecciones.
Comprender ese recorrido resulta indispensable.
Porque ningún precedente puede entenderse si se ignoran los cimientos sobre los cuales fue construido.
Una idea para recordar
La Suprema Corte no importó un modelo extranjero de libertad de expresión; constitucionalizó un lenguaje común de derechos humanos que permitió fortalecer la democracia mexicana desde la propia Constitución.
En la próxima entrega
Cuando la libertad de expresión llegó a las urnas
Analizaremos cómo el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación tomó los principios desarrollados por la Suprema Corte y la Corte Interamericana para construir una jurisprudencia propia sobre campañas electorales, propaganda política, calumnia, crítica a personajes públicos y equidad en la contienda. Veremos cómo nació el estándar específicamente electoral que, años después, sería puesto a prueba por los casos más recientes.

