Metal Político
POR: Antares Cervantes
Si Estados Unidos continúa con los ataques a Irán, el impacto podría afectar en muchos factores a México. En un mundo interconectado, las guerras ya no son únicamente militares, son energéticas, financieras y comerciales.
La primera sacudida sería en los precios del petróleo. Irán controla una posición estratégica en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo mundial. Basta recordar que durante la Guerra del Golfo en 1990 el barril se duplicó en cuestión de meses. Un repunte similar elevaría la mezcla mexicana y daría oxígeno fiscal al gobierno, como ocurrió en 2022 tras la invasión rusa a Ucrania, cuando los petroprecios superaron los 100 dólares por barril. Sin embargo, el beneficio sería engañoso, México importa gasolinas y depende del gas natural estadounidense. Un conflicto prolongado presionaría la inflación interna, encareciendo transporte y alimentos.
En inversión, la reacción sería inmediata. Los capitales buscan refugio en activos considerados seguros, bonos del Tesoro, oro o el dólar. En episodios de tensión geopolítica como los ataques del 11 de septiembre de 2001 los mercados emergentes registraron salidas abruptas de capital. México, cuyo comercio depende en más de 80% de Estados Unidos, vería volatilidad cambiaria y cautela empresarial. El llamado nearshoring podría frenarse temporalmente si las cadenas globales enfrentan nuevas disrupciones logísticas y mayores costos energéticos.
En seguridad, el efecto sería menos visible pero no menor. Un Estados Unidos concentrado en Medio Oriente suele redirigir recursos diplomáticos y de inteligencia. Tras la invasión a Irak en 2003, Washington ajustó prioridades y América Latina perdió centralidad estratégica. Para México, eso podría traducirse en menor coordinación en materia migratoria y de combate al crimen organizado, justo cuando la violencia interna sigue siendo un desafío estructural.
También habría repercusiones en remesas. En 2023 México recibió más de 60 mil millones de dólares por este concepto, un pilar para millones de hogares. Si la economía estadounidense entrara en recesión por el choque petrolero o el gasto militar extraordinario, el flujo podría resentirse.
México no sería actor beligerante, pero sí espectador vulnerable. La lección histórica es clara, en tiempos de guerra ajena, la estabilidad interna depende de prudencia fiscal, diversificación energética y fortaleza institucional. En un tablero global convulso, la mejor defensa es la resiliencia económica.

