1 Abr 2026, mié

Ormuz: el mundo al filo de su arteria energética

 Metal Político | Por: Antares Cervantes

En geopolítica no siempre gana quien dispara primero, sino quien controla el flujo. Hoy, ese flujo tiene nombre: el Estrecho de Ormuz. Por ahí circula cerca del 20% del petróleo mundial, una cifra que por sí sola explica por qué el conflicto entre Irán, Estados Unidos y sus aliados ha dejado de ser regional para convertirse en un dilema global.

La pregunta no es quién va ganando, sino qué tipo de victoria está en juego. Estados Unidos ha optado por la presión directa, ultimátum, despliegue militar y amenazas explícitas contra la infraestructura energética iraní. Esta estrategia busca algo concreto, reabrir el estrecho y garantizar el flujo energético global. En términos clásicos, Washington no necesita conquistar Irán; le basta con impedir que controle el choke point más importante del planeta.

Irán, por su parte, ha jugado la carta asimétrica con notable eficacia. Sin necesidad de derrotar militarmente a Estados Unidos, ha logrado lo esencial, interrumpir el comercio marítimo, elevar los precios del petróleo por encima de los 100 dólares y generar incertidumbre global. Su amenaza de cerrar completamente el estrecho no es solo militar; es económica, psicológica y estratégica.

China observa. Y gana tiempo. Como principal importador de energía que pasa por Ormuz, su interés no es la guerra, sino la estabilidad… pero también el debilitamiento relativo de Occidente. Rusia, mientras tanto, capitaliza el caos: cada dólar que sube el petróleo fortalece su posición fiscal y su margen de maniobra geopolítica.

Los países del Golfo, incluido Qatar, viven una paradoja, dependen del estrecho, pero no controlan su destino. Y en ese vacío, el riesgo sistémico crece.

¿Se abrirá Ormuz? Probablemente sí, pero no por voluntad diplomática, sino por presión militar o negociación forzada. La historia lo respalda, Irán ha amenazado antes con cerrarlo, pero nunca lo ha sostenido en el tiempo porque también se asfixia a sí mismo.

¿Habrá guerra total? Poco probable en el corto plazo. El costo sería descomunal, disrupción energética global, escalada regional y una crisis económica comparable o superior  a la de los años setenta.

Entonces, ¿quién gana? Nadie… y todos.

Estados Unidos mantiene su hegemonía militar, pero exhibe sus límites. Irán demuestra capacidad de disuasión sin victoria total. China y Rusia avanzan sin disparar, y el mundo, como siempre, paga la factura. La verdadera batalla no es territorial ni ideológica. Es estructural, quién controla los nodos del sistema global.