15 May 2026, vie

 Metal Político Por: Antares Cervantes

México presenta una evidente crisis en salud e imposible de ocultar. El discurso oficial presume cifras cercanas al 97% de abasto de medicamentos en instituciones como el IMSS e ISSSTE, pero la realidad en hospitales y clínicas los datos muestran pacientes sin medicinas, cirugías pospuestas y médicos rebasados.

El problema no es menor. El sistema público atiende a más de 50 millones de personas sin seguridad social a través del modelo IMSS-Bienestar, lo que ha generado una sobrecarga estructural. A esto se suma un rediseño fallido en la compra y distribución de medicamentos que, desde 2019, ha provocado cuellos de botella logísticos, vetos a proveedores y una cadena de errores que hoy siguen pagando los pacientes.

La contradicción es brutal, mientras el gobierno habla de eficiencia, la ciudadanía denuncia abandono.

El caso de Hidalgo es hoy el símbolo más claro de ese choque entre narrativa y realidad. Durante una reciente visita, la presidenta Claudia Sheinbaum fue abordada directamente por ciudadanos que denunciaron desabasto de medicamentos y falta de médicos en centros de salud. No fue un acto organizado, fue el reclamo espontáneo de quienes viven la crisis en carne propia.

Ahí mismo, el propio gobierno reconoció que existe un faltante cercano al 20% en medicamentos en la entidad, pese a que a nivel nacional se insiste en que el problema está prácticamente resuelto. La explicación oficial apunta a proveedores y fallas de distribución, pero para el paciente que no recibe su tratamiento, el motivo es irrelevante.

Porque en salud, el dato frío no cura.

Actualmente, en hospitales públicos del país, la escena se repite, recetas incompletas, familiares comprando medicamentos por fuera y médicos trabajando con lo mínimo indispensable. No se trata solo de logística; es una crisis de confianza.

El riesgo es claro, cuando el sistema de salud falla, el costo no es político, es humano.

México apostó por transformar su modelo sanitario bajo la bandera de la gratuidad universal. Pero sin planeación, abasto constante y personal suficiente, esa promesa se convierte en una ilusión peligrosa.

Hidalgo no es la excepción. Es el reflejo. Y lo más preocupante no es que falten medicamentos. Es que empieza a faltar credibilidad.