13 Jun 2026, sáb

Salud mental, la epidemia silenciosa en México.

Metal Político | Antares Cervantes

Durante décadas, la salud mental fue tratada como un tema secundario en México. Se hablaba de la depresión como “tristeza”, de la ansiedad como “nervios” y de los trastornos psicológicos como problemas de carácter. Hoy sabemos que esa visión no solo es equivocada, sino peligrosa.

Las cifras muestran una realidad preocupante. Diversos estudios estiman que alrededor de tres de cada diez mexicanos han experimentado algún trastorno mental a lo largo de su vida, mientras que los trastornos de ansiedad y depresión se encuentran entre los más frecuentes. La Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica encontró que 28.6% de la población ha presentado algún trastorno mental durante su vida, siendo la ansiedad la condición más común. 

La situación se agravó después de la pandemia. Datos del estudio Global Burden of Disease indican que en 2021 existían aproximadamente 18.1 millones de personas con algún trastorno mental en México, con un aumento significativo de los casos de ansiedad y depresión respecto a años anteriores. 

La depresión, por ejemplo, afecta a una proporción importante de la población. La ENSANUT 2022 reportó que 16.7% de los adultos mexicanos presentaba sintomatología depresiva, con una incidencia mayor entre mujeres y adultos mayores. 

Sin embargo, el problema no son únicamente las cifras, sino el estigma. Muchas personas que padecen depresión, ansiedad, trastorno bipolar, esquizofrenia o algún otro trastorno mental enfrentan discriminación social, laboral e incluso familiar. Todavía persiste la idea de que pedir ayuda psicológica o psiquiátrica es una señal de debilidad, cuando en realidad representa un acto de responsabilidad y autocuidado.

La consecuencia de esta falta de conciencia es grave. La propia Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica encontró que solo una pequeña proporción de quienes padecen un trastorno mental recibe atención especializada. 

Los jóvenes constituyen uno de los sectores más vulnerables. Autoridades de salud mental han advertido que más de la mitad de los suicidios registrados en México ocurren entre personas de 15 a 24 años, un dato que obliga a replantear las políticas públicas de prevención, detección temprana y atención psicológica. 

Hablar de salud mental no significa normalizar el sufrimiento, sino reconocerlo para atenderlo. Significa comprender que la depresión no se cura con voluntad, que la ansiedad no desaparece con frases motivacionales y que los trastornos mentales son enfermedades que requieren tratamiento profesional, acompañamiento y empatía.

México necesita más especialistas, más presupuesto y mejores servicios de atención. Pero también necesita una sociedad menos prejuiciosa. Porque detrás de cada estadística existe una persona que lucha diariamente por salir adelante.

La salud mental no es un privilegio ni una moda. Es un derecho humano y una condición indispensable para construir una sociedad más sana, productiva y justa. Ignorarla ya no es una opción.