Metal Político
Antares Cervantes
La propuesta para crear el municipio número 85 de Hidalgo ha puesto sobre la mesa un debate legítimo: ¿una nueva demarcación resolverá los problemas de miles de habitantes del sur de la Zona Metropolitana de Pachuca o simplemente añadirá otra capa de gobierno?
Quienes impulsan la iniciativa argumentan que fraccionamientos ubicados entre Pachuca, Mineral de la Reforma y Zempoala padecen desde hace años deficiencias en agua potable, alumbrado, recolección de basura, seguridad y mantenimiento urbano. Su planteamiento parte de una realidad, el crecimiento poblacional ha rebasado la capacidad administrativa de los municipios actuales.
Sin embargo, crear un municipio no significa que los problemas desaparezcan. La Constitución de Hidalgo exige un procedimiento complejo que incluye reformas legales y la aprobación del Congreso local y de la mayoría de los ayuntamientos. No es una decisión política sencilla ni inmediata.
También existe un costo. Un nuevo municipio implica instalar un ayuntamiento, elegir presidente municipal, síndicos y regidores, crear dependencias administrativas, contratar personal, adquirir infraestructura, patrullas, oficinas y elaborar un presupuesto propio. Es decir, más estructura gubernamental que deberá financiarse con recursos públicos y participaciones federales. Aunque la descentralización puede acercar los servicios a la población, también incrementa el gasto permanente en administración.
Académicos en urbanismo han advertido que el origen del problema parece estar más relacionado con la falta de recepción formal de diversos fraccionamientos, la deficiente planeación urbana y la coordinación entre municipios que con la inexistencia de una nueva demarcación. En otras palabras, cambiar el mapa no necesariamente cambia la calidad de los servicios públicos.
Eso no significa que la propuesta carezca de mérito. Existen casos donde la creación de municipios ha permitido acercar decisiones a la ciudadanía y distribuir mejor los recursos. Pero también hay ejemplos donde únicamente aumentó la burocracia sin resolver las carencias de fondo.
La pregunta que debería responderse antes de hablar del municipio 85 no es si tendría nuevo nombre, nuevas oficinas o nuevas autoridades. La verdadera pregunta es si contará con suficiencia financiera, viabilidad técnica y un proyecto de desarrollo que garantice mejores servicios desde el primer día.
Porque si el problema es la falta de planeación, crear otro gobierno sin corregir esa causa sólo trasladará las deficiencias a una nueva administración. La ciudadanía no necesita más edificios públicos; necesita agua, calles, seguridad y servicios eficientes. Si el municipio 85 nace para resolver eso, tendrá sentido. Si nace únicamente para repartir poder político y nuevos cargos públicos, el costo lo terminarán pagando los mismos de siempre: los ciudadanos.

