25 Ago 2026, mar

CABEZA¡Verano de infierno! quema Europa, Asia y África

CHARLAS DE TABERNA | MARCOS H. VALERIO

El verano de 2026 no llegó: irrumpió. Desde las primeras semanas, Europa, Asia y el norte de África se convirtieron en un horno a cielo abierto. Termómetros que rebasaron máximos históricos, incendios que devoraron cientos de miles de hectáreas y una mortandad que ya supera las 30 mil personas pintaron el retrato más sombrío del cambio climático en el hemisferio norte.

Las alarmas sonaron primero en el continente europeo. En España, el fuego se ensañó con Ávila, Toledo y Castellón. Más de 100 mil personas fueron evacuadas o confinadas mientras las llamas consumían más de 150 mil hectáreas. En Francia, los departamentos de Gironda y Landes, junto a la península de Cap Ferret, se transformaron en zonas de desastre: 220 mil evacuados y más de 115 mil hectáreas calcinadas. Científicos franceses ya no debaten si el país alcanzará los 50 °C, sino cuándo.

Alemania contabiliza cerca de 9 mil muertes asociadas a la ola de calor de finales de junio, según el Instituto Robert Koch. En el Reino Unido, Gales declaró el estado de sequía tras registrar el julio más seco en casi 200 años. Tres olas de calor consecutivas dejaron noches tropicales en Londres y más de 2 mil 700 decesos vinculados al calor solo en mayo y junio. Suiza no se salvó: 19 estaciones meteorológicas batieron récords y el río Aare superó su temperatura histórica.

El panorama se repite al otro lado del mundo. Japón y Corea del Sur viven noches sofocantes y días de calor extremo. En el norte de África, Marruecos, Argelia y Túnez registraron 48 °C. En Túnez, el calor alimentó decenas de incendios y obligó a cortes programados de electricidad por la demanda histórica de aire acondicionado.

Los números son contundentes. Según datos preliminares del Sistema Europeo de Vigilancia de la Mortalidad (EuroMOMO), la reciente ola de calor ha costado la vida a más de 30 mil personas. Solo en Francia se contabilizaron 5 mil 764 fallecimientos adicionales, un 36 % más de lo esperado y la tasa más alta desde la trágica ola de 2003. Más de 600 mil hectáreas han ardido en la Unión Europea y el 35 % de su superficie total está en sequía (en Inglaterra, la cifra trepa al 71 %). Un reporte de El País estima que la sequía y las altas temperaturas reducirán el PIB europeo en 50 mil millones de euros.

“LOS 30 SON LOS NUEVOS 20”
El investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM, Arturo Quintanar Isaías, no duda en el diagnóstico: lo que ocurre no son fenómenos aislados. Es la muestra de un clima que ha cambiado de manera permanente.

“Se ha observado que las distribuciones de temperatura se han estado recorriendo a lo largo de estas décadas… ya las nuevas normales son otras”, explica. El ejemplo de Francia resulta elocuente: entre 1947 y 2010 se registraron 26 ondas de calor; de 2011 a 2025 se contabilizó un número similar. En apenas 15 años se acumuló la misma cantidad de eventos extremos que en los 60 años anteriores.

El científico detalla que estos episodios están ligados a patrones de circulación anticiclónica —aire que desciende y eleva la temperatura— impulsados por el calentamiento global derivado de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Aunque aún se investiga cómo el cambio climático modifica exactamente la circulación atmosférica, la evidencia es clara: las altas temperaturas de Europa, Asia y Norteamérica se atribuyen en gran medida al calentamiento antrópico.

La fase cálida de El Niño agrava el escenario. Altera la corriente en chorro y genera regiones donde la precipitación se suprime y el calor se intensifica. “La combinación de suelos secos y una atmósfera cada vez más cálida genera condiciones ideales para incendios forestales de gran intensidad, como los que hoy afectan a España y Francia”, advierte Quintanar.

El investigador es enfático: las temperaturas que hace décadas se consideraban excepcionales serán cada vez más habituales. “Los 30 son los nuevos 20” deja de ser una frase provocadora para convertirse en una realidad científica.

Mientras los continentes arden y las cifras de muertos siguen subiendo, el verano de 2026 se escribe como una crónica de advertencia. El clima ya no es el de antes. Y lo que hoy parece extremo, mañana podría ser solo el principio.