27 Ago 2026, jue

CHARLAS DE TABERNA | MARCOS H. VALERIO

La historia comenzó con una ausencia. Dos adolescentes fueron reportados como desaparecidos en Jalisco durante julio pasado. Durante días, sus familias enfrentaron la incertidumbre de no saber dónde estaban, mientras las autoridades emprendían las acciones para localizarlos.

El desenlace llegó días pasados: ambos fueron encontrados en Sinaloa.

Cabe destacar que, el rescate, fue resultado de la coordinación entre autoridades estatales y federales, cerró una etapa de angustia, pero abrió otra pregunta mucho más profunda: ¿Qué ocurrió con ellos mientras estuvieron bajo el control de una estructura criminal?

La organización “Reinserta” advierte que este tipo de casos no puede analizarse únicamente como desapariciones.

Son también una muestra de un fenómeno que permanece bajo la superficie: El reclutamiento de niños y adolescentes por parte de grupos delictivos.

PRIMER CONTACTO, PARECER INOFENSIVO
La captación no necesariamente comienza con violencia.

Puede iniciar con un mensaje en redes sociales, una supuesta oferta de empleo, una invitación o una oportunidad que parece legítima.

El objetivo es generar confianza hasta que el menor queda atrapado en una dinámica de la que puede resultar cada vez más difícil escapar.

Y las cifras muestran la dimensión del problema.

De acuerdo con datos de “Reinserta” correspondientes a 2022, ocho de cada diez adolescentes en internamiento que fueron reclutados por el crimen organizado no pertenecían a pandillas antes de ingresar a un cártel.

Pero hay un dato todavía más contundente: Siete de cada diez aseguraron haber pasado por un proceso de adiestramiento dentro del grupo criminal.

El círculo de confianza también puede convertirse en una puerta de entrada: cinco de cada diez adolescentes señalaron que uno de sus amigos fue quien los reclutó.

COMIENZA OTRA BATALLA
Localizar a una víctima no significa que la pesadilla haya terminado.

El regreso puede estar acompañado por miedo, amenazas, aislamiento, desplazamiento y secuelas físicas o psicológicas derivadas de la violencia y del posible adiestramiento al que fue sometida.

Por eso, “Reinserta” advierte que la responsabilidad del Estado no debe terminar cuando el menor sale de la estructura criminal.

Es necesario establecer protocolos especializados que permitan evaluar cada caso y garantizar protección, recuperación y reintegración familiar, educativa y comunitaria.

RECONOCIMIENTO PROPIO
Ante esta realidad, “Reinserta” insiste en una exigencia central: que México tipifique el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes como un delito autónomo.

La organización sostiene que esta medida permitiría investigar de manera específica los mecanismos de captación, identificar las distintas modalidades utilizadas por los grupos criminales y responsabilizar a las estructuras que participan en el reclutamiento.

También permitiría reconocer a los menores reclutados como víctimas de violencia, evitando que una eventual participación en actividades delictivas sea analizada sin tomar en cuenta las circunstancias que provocaron su incorporación a una organización criminal.

ANTES DE LA DESAPARICIÓN
La historia de estos dos adolescentes deja una advertencia: La lucha contra el reclutamiento no puede comenzar cuando ya existe una desaparición. Debe empezar mucho antes.

En las escuelas, en las familias, en las comunidades y, especialmente, en las redes sociales, donde puede producirse el primer acercamiento.

Reconocer las señales de alerta, hablar abiertamente de los riesgos y enseñar a niñas, niños y adolescentes que pueden pedir ayuda ante una propuesta sospechosa son parte de una estrategia preventiva que debe fortalecerse.